jueves, 7 de agosto de 2008

Bien lo escribe Ciro...." Ni una lágrima "

Después de leer varias notas, recientes y del aquel entonces año de 1993 cuando se presentó el hecho tan lamentable de las dos niñas violadas, golpeadas y asesinadas por una pandilla denominada "Blancos y negros".

Uno de sus integrantes y responsables de este homicidio doble el hombre llamado José Ernesto Medellín Rojas de 33 años de edad, fue ejecutado el pasado martes por inyección letal.


este asunto me ha pasado por la cabeza al igual que lo del niño Martí de 14 años, secuestrado y asesinado no importando que sus padres pagaran integro el rescate del menor; pero sin lugar a dudas he compartido mi pensar con varias personas, anoceh me dieron las 4 de la mañana por una platica de este asunto, y no fue hasta hoy que encontre las palabras exactas para decir lo que pienso y siento sobre el primer caso de nuestro paisano, no sólo por la brutalidad del hecho ni por la resolución final, o en realidad son ambas las que me hacen pensar y pensar y no me dejan llegar a una idea final de si es correcto o no la pena de muerte.


un detalle que me saltó, es que resaltan, subrayan y demás el hecho de que Medellín es mexicano, en mi punto de vista, es lo que menos importa, es lo que menso interesa, son los hechos los que hablan por si solos.

pero el punto es que hoy viendo un poco el milenio.com, me di la oportunidad de volver a leer a mi Ciro, y punto y coma es lo justo para describir un poco el caso y mi punto de vista.


Sandy Moreno


los dejo con él...






El tema de la pena de muerte amenaza con instalarse en el debate nacional. Nuestra imaginación colectiva no da para más. De un lado se escucharán voces rabiosas; del otro, estadísticas y corrección política. Nada nuevo. Y así, seguramente, se irá disipando el sentimiento de agravio colectivo por Fernando Martí.


El martes ejecutaron en Estados Unidos a alguien que nació en territorio mexicano, un señor de apellido Medellín. El gobierno de México y el Tribunal de La Haya protestaron: lo tenían que hacer. Las buenas conciencias se rasgaron las vestiduras recordando que el hombre no es Dios para matar a su semejante. Retomo un extracto del testimonio de los familiares de las dos niñas (Jennifer Ertman y Elizabeth Peña, 14 y 16 años) violadas y asesinadas en 1993 por ese señor Medellín y tres compañeros (Cantú, Pérez, O’Brien) de una banda conocida como Blancos y negros:

“Las violaron repetidamente durante más de una hora y se vanagloriaron de arrancarles sangre virgen (…) Después de violarlas empezaron a ahorcar a Jennifer con su propio cinturón. Cuando Medellín decía “la puta no se muere”, el cinturón con el que trataban de ahogarla, del cual jalaba un joven de cada lado, se rompió. Por eso tuvieron que ahorcarla con sus propias manos. Después saltaron encima de ella y le rompieron las costillas, querían asegurarse que estuviera muerta. Elizabeth, severamente golpeada, les suplicó que la dejaran ir. Les prometió que se dejaría violar…”. Corto. Creo que no tiene caso seguir.



¿Pena de muerte? Está casi empíricamente solventado que no resuelve el problema de la delincuencia y el crimen, que no vale lo que cuesta. Pero de mi parte, ni una lágrima por Medellín. Ni una por los miles de medellines, presos o libres.