los dejo con Fer:

Verónica muere de amor por Pedro, pero no es correspondida. Sucede que Pedro suspira por Lorena, una chava de su oficina, quien le aplica la filosofía del “Son de la negra”: le dice que sí, pero no le dice cuándo. Lorena está esperando a que su jefe, Manuel, que se la pasa coqueteando con ella, le tire la onda en serio algún día. Entre tanto, le da largas a Pedro para tener “una velita prendida” por aquello de que Manuel no se decida.
La verdad es que en cuestión de amores no resulta nada fácil coincidir. En un mundo ideal, Pedro andaría con Verónica, Manuel con Lorena y todos felices. Pero en asuntos del corazón, cuando no hay química, no hay nada que hacer. ¡¿Cuántas veces hemos esperado la llamada del galán de nuestros sueños sin que llegue?! Muchas. La falta de coincidencia es común; deben conjugarse muchos factores para que una relación florezca.
Además de la necesidad de una franca coincidencia química (cosa que, repito, no está nada fácil) tiene también que haber una coincidencia de tiempos y proyectos de vida. Juan Pablo, un apasionado de su carrera, después de muchos esfuerzos consiguió una beca en una prestigiosa universidad en el extranjero. Meses antes de irse conoció a Beatriz, quien se había divorciado recientemente y tenía tres hijos. Como en los cuentos de hadas, el flechazo
fue instantáneo. Desafortunadamente, Juan Pablo no podía mantener a Beatriz con sus hijos, pero tampoco quería desaprovechar la oportunidad de hacer su doctorado. Ella no podía (ni quería) dejar a los niños con su padre. El romance terminó. ¿Qué habría pasado si Juan Pablo no se hubiese ido a estudiar o si Beatriz se hubiera podido ir con él? ¿Habrían sido felices? Imposible saberlo; lo que sí es claro es que, a pesar del amor, sus tiempos no coincidieron.
Si bien es cierto que en algunos casos el estado civil de uno de los tórtolos no es problema para coincidir, también lo es que en muchos otros la existencia de una pareja, novia, esposa o familia sí resulta un gran impedimento. ¿Cuántas veces dos personas no se han sentido profundamente atraídas pero alguno de los dos tiene pareja y las cosas no llegan a más?
Desde que vio entrar a César a un evento, Clara quedó embobada . Le pareció guapísimo y no podía quitarle los ojos de encima. Él ignoró a todos los presentes y se acercó a ella, y de inmediato comenzaron a platicar como si se hubieran conocido de siempre. Se sentían las vibras en el aire. Cuando se despidieron, Clara estaba segura de que él llamaría, le mandaría un correo, señales de humo, algo. No sucedió nada. ¿Acaso Clara estaba loca? ¿Lo imaginó todo? No. La atracción fue mutua, pero sucede que él estaba involucrado en una relación con alguien más y a pesar de que también quedó muy impresionado por ella, no pudo hacer nada.
Los momentos personales también estorban en este asunto de la coincidencia. Antonio estaba recién divorciado, con ganas de reventón y huyendo del compromiso como de la peste cuando conoció a Lucía. Ella llevaba divorciada un rato y estaba buscando una relación estable. A pesar de que se gustaron y tenían mucho en común, Lucía decidió que un free no era lo que quería ni podía darle laestabilidad que buscaba. Fin de la historia. ¿Qué habría pasado si se hubiesen conocido un tiempo después cuando Antonio hubiese salido de esa etapa?
Está probado que para estas cuestiones amorosas la distancia es al amor, como el aire al fuego. Si es mucho lo enciende y si es poco lo apaga. Tenemos sabidas historias de amores apasionados que se han ido apagando con la distancia, y otras que sobreviven a base de cuentas carísimas de celular, SMS, chats, correos electrónicos, Skype y muchos boletos de avión. Mi amiga Caro y su Marcus son prueba viviente de que si se quiere, se puede coincidir y estar cerca, a pesar de vivir a muchos kilómetros de distancia.
Hay muchos factores que nos separan de otros para consolidar una relación. Las clases sociales, la distancia física, la posición económica, los estados civiles, la atracción física, los momentos personales. Nuestro miedo a tener una relación puede acabar con las coincidencias más de una vez o nos hace entrar en relaciones imposibles, para confirmar esa creencia interior de que no nos merecemos el amor. ¡Ja!
Viéndolo así, la situación suena francamente desesperada y sin mucha esperanza. Por eso el otro día, hablando del tema con mi amigo Nacho Segura, concluimos que cuando finalmente logras coincidir con alguien, casi casi tienes la obligación de poner todo de tu parte para que funcione.
Efectivamente, coincidir no es fácil. Sin embargo, si estamos aquí, en este planeta, es por una serie de coincidencias afortunadas; existimos porque coincidieron nuestros padres, abuelos y una larga lista de ancestros. Así que, en esos días que sientes que verdaderamente es imposible enamorarte de alguien y ser correspondido, ánimo. Recuerda que nosotros mismos somos la prueba de que sí hay, y muchos, que logran coincidir.